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domingo, 12 de febrero de 2012

Amor maduro.

Como una serpiente astuta,
que despacio y silente
recorre la habitación en busca de la presa.
El contacto visual da la primera señal.

Hay un acercamiento vacilante,
una media sonrisa, un interés.
Una copa de vino de escusa,
y aparece el imán de la unión.

Las miradas son fuertes y ardientes,
al ritmo de un vals mágico;
 y como mimos en un parque,
actúan lentos,… tranquilos.

Todos románticos y sin igual;
un pavo real con su mejor plumaje,
un gato en espera de su presa,
una tonada al amanecer.

Caricias y goce de la dulce lentitud.
Las ropas caen de apoco
como hojas en otoño,
suaves y sedosas.

Todo encaja en la perfección,
en el conocimiento, y en la tertulia.
Los cuerpos se relajan,… vacilan,
y de repente.... siguen.

Una pausa necesaria y abrumadora.
Entran en acción, en resonancia con el calor.
Las manos  se deslizan y
exploran la piel que se contrae.

los cuerpos ya sin ropa van cayendo;
el pulso se agita,
y como en cámara lenta
el movimiento se acelera.

El orgasmo, a punto de ebullición, se alarga;
se disfruta a toda plenitud;
ambos cuerpos lo sostiene, lo saborean;
lo magnifican en su éxtasis total.


6 comentarios:

  1. Vesos sugerentes,sensuales y de un amor muy maduro,tranquilo y sosegado.hermoso poema y muy evocador.

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  2. Siempre es un placer leerte amiga. Es precioso

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  3. ¡Qué bello lo escribe el poeta, cuando cierra los ojos y vuelan sus sentidos...!

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    Respuestas
    1. ¡Qué bello lo escribe el poeta cuando se deleita, cuando juega!

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